¿Me lo envuelve para llevar, por favor?

Columna semanal de la editora María Pastora Sandoval.

Una de las cosas que yo no hacía antes de operarme era pedir que el sobrante de una comida me lo envolvieran para llevar. No sé, me daba vergüenza.

A casi 3 meses de mi operación de una manga gástrica, he tenido que hacer muchos cambios de conducta, “cambios culturales” como diría un tío sabio que tengo.

Image: Suat Eman / FreeDigitalPhotos.net

Cambio cultural según él es, por ejemplo, que yo haya ido a una reunión familiar con mis papillas a cuestas, las haya sacado y haya comido eso en vez de la rica comida y la torta de postre.

La primera vez que comí fuera luego de la operación fue con mi marido: salmón con arroz. Resultado: comí un octavo del plato y me dio vergüenza pedir que me lo envuelvan para llevármelo a mi casa.

Después de eso pensé que no era una mala opción llevarme lo que sobra, después de todo uno pagó por toda esa comida.

Otro cambio (que mucho no me ha resultado) es no pedir algo para tomar en los restoranes. Todavía me da un poco de vergüenza decir que no me traigan bebida y pido agua mineral sin gas, a veces sí me resulta. Pasa que a uno la miran con mala cara, como si uno fuera tacaña.

El problema es que si pido algo para tomar con 3 sorbos ya no puedo más. Es eso o tomar más y no comer, mi estómago no da para más.

No sé si a otros operados les pasará, pero uno ya tiene como un discurso armado por si acaso, es decir, si se extrañan de que uno se demora mucho en comer, o que deja casi todo el plato (¿no le gustó? preguntan) o si uno no quiere pedir nada más que un plato (sin bebida, entrada, postre, etc).

“Es que soy operada de la guata y no puedo comer mucha cantidad”… Cosas de operados no más…

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