Cirugías bariátricas en vivo y en directo

Columna semanal de la editora María Pastora Sandoval.

“¿Estudias medicina?” me preguntó alguien por Twitter cuando puse que estaba en un quirófano viendo una operación de manga gástrica. “No, soy periodista” le contesté, y pensé en el gran privilegio que estaba teniendo en ese momento.

En el quirófanoMi carrera y este sitio en el que escribo me han permitido vivir desde fuera la manga gástrica que me hice hace 3 meses: el doctor Juan José Gallardo Rouliez me invitó a ver cirugías bariátricas luego de que le solicitara una entrevista.

Fue inesperado (no se me habría ocurrido pedir entrar a pabellón) pero el doctor inmediatamente me dijo cuándo tenía que estar en la Clínica Vespucio y, por supuesto, accedí.

Llegué el día y la hora indicada y entré al pabellón central, a esas zonas restringidas a la que no entra cualquier mortal. El doctor me dijo que entrara al vestidor y que me pusiera la ropa que ahí había. Por supuesto mi primer impulso fue sacar una talla “L” pero me acordé que había bajado ya 20 kilos y que la “M” ya era mi talla jeje.

Ya vestida para la ocasión entré con el doctor al quirófano y me encontré con un paciente (después supe que era “ella”) ya dormido y agujereado, listo para ser operado de un by pass.

Yo estaba absolutamente expectante y no me asusté como pensaba. En algún momento me sentí extraña, como debilucha, pero no sé si era la impresión de lo que veía, que no había almorzado o el frío ultra gélido que hacía ahí. Por si acaso, me senté y después todo bien.

Algo que realmente me impresionó es la cantidad de grasa que tenemos dentro del cuerpo. Increíble, no me imaginaba que era así. Fue una de las primeras cosas que pregunté: “¿eso amarillo es grasa?” y sí, lo era. Glup.

El doctor Gallardo me explicaba todo mientras suturaba a la paciente con una maestría increíble. El hilo parecía alambre en la pantalla, pero la laparoscopía aumenta 7 veces el tamaño de las cosas. Era un “hilito” y una “agujita” vistos sin cámara.

Luego de haber estado más de 3 horas viendo la operación (que se demora porque el doctor Gallardo “corchetea” y después se toma el tiempo de suturar para mayor seguridad) me quedé para ver cómo realizaba una manga gástrica.

Entre medio fuimos a la cafetería, devolvió los llamados que le hicieron mientras operaba y luego me explicó con dibujos las operaciones que él hacía. Lo del by pass era complicado de entender hasta que me lo describió “con manzanas”.

En el vestidor de la clínicaLa manga gástrica fue casi una broma al lado de la intervención anterior: en 45 minutos ya estaba todo listo (sutura incluida). El doctor me dejó invitada a ver postoperatorios un par de días después.

Así es que llegué al jueves siguiente tempranito a mi cita en la Clínica Vespucio. El doctor me contó que una paciente se comió un completo el día antes de la operación y que, por supuesto, no la puede intervenir hasta que psicológicamente esté preparada (si es que algún día llega a estarlo)… ¿qué pasa si después de operada no aguanta y se come un hot dog en el postoperatorio? Auch, es un gran riesgo.

Las post-operadas que vi estaban radiantes y contentas, ni pálidas ni debiluchas como uno esperaría ver a alguien en una clínica. Se ve que el doctor hace un gran trabajo.

Ante el ofrecimiento de ir a ver una operación al Hospital Santiago Oriente Dr. Luis Tisné (en Peñalolén) acepté encantada. Allí vería una manga gástrica… nuevamente de una mujer.

Le pregunté al doctor si era fortuito que yo haya visto puras pacientes mujeres, pero me dijo que el 80% de quienes se hacen una cirugía digestiva son féminas. Claro, el peso es más tema para nosotras que para ellos.

También me contó de verdaderos dramas humanos que tienen personas muy obesas y a las que real y literalmente les cambia la vida con la operación: personas que no pueden ir al baño sin ayuda o que son dejadas por sus cónyuges por “gordas”, entre otras tantas historias.

Ha sido una gran experiencia que espero repetir. El doctor Gallardo me dijo que yo sería algo así como los que califican a los restoranes con cierta cantidad de “tenedores” en el Wikén, pero en versión cirugías bariátricas. Yo, feliz de que así sea.

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