Nuevas formas de combatir la pandemia del siglo XXI: la obesidad

Ataca sin mirar a quien, y lo hace en silencio, hasta que un día nos damos cuenta que nuestros cuerpos han mutado, y no sólo por fuera, silenciosamente la gordura nos está matando por dentro.

Imagen: Michelle Meiklejohn / FreeDigitalPhotos.netLa Organización Mundial de la Salud (OMS) se refirió al sobrepeso y la obesidad como un problema de salud pública a nivel mundial, afectando a la población cada vez a una edad más temprana, puesto que 43 millones de niños de cinco años sufrían  sobrepeso el año 2010.

“En los países en desarrollo están viviendo cerca de 35 millones de niños con sobrepeso, mientras que en los países desarrollados esa cifra es de 8 millones”, señaló el organismo. Los problemas relacionados con el peso hasta hace un tiempo eran ligados a países de ingresos altos, ahora afecta de forma transversal a países de medianos y bajos ingresos.

La obesidad constituye el quinto factor principal de riesgo de defunción alrededor del mundo. Un estudio realizado por la revista Lancet (publicación especializada en medicina), afirmó que el sobrepeso producto de la inadecuada alimentación y la ausencia de actividad física aumentan los riesgos de padecer todo tipo de enfermedades asociadas al sobrepeso.

Las cifras dicen que 2.8 millones de personas adultas fallecen como consecuencia de la obesidad o el sobrepeso, a manos de enfermedades tales como, diabetes, hipertensión, cardiopatías o cáncer que pueden ser atribuibles a estos problemas. La obesidad es la segunda causa de muerte evitable, después del tabaco.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), agrupa a los países desarrollados, y se refirió a la obesidad como enemigo público, mientras la OMS afirmó que se trata de una pandemia, pues afecta a casi todos los países occidentales con más de mil millones de personas adultas con sobrepeso, de ellas al menos 300 millones clínicamente obesas .

La OCDE emitió un informe en el cual se revela que más del 50% de la población de sus países miembros padece sobrepeso, y que uno de cada seis es obeso. Las cifras son aún mayores en Estados Unidos y México, donde uno de cada tres adultos tiene obesidad.

Las capas bajas de la población, quienes tienen menor poder adquisitivo, nivel social y educativo más bajo son más propensas a sufrir esta enfermedad, la comida no saludable es muchas veces más barata que la alimentación más sana, que incluye frutas y verduras, señaló el informe entregado por la OCDE.

¿Qué pasa en Chile?

Según la Encuesta Nacional de Salud 2009-2010 un 64,5% de la población entre  los 15 y 64 años tiene exceso de peso en nuestro país. Esta cifra se desglosa de la siguiente manera: 39,3% presenta sobrepeso, 25,1% obesidad y 2,3% obesidad mórbida.  Esta última categoría aumento de 148 mil a 300 mil personas desde el año 2003.

Entre hombres y mujeres no hay grandes diferencias, afecta a ambos géneros de forma equilibrada, pero si existen diferencias al estudiar a la población más vulnerable, quienes tienen menos de 8 años de instrucción la cifra asciende a 76,4%. Los niños chilenos tampoco se salvan, un 22,4% de la población menor de 6 años tiene sobrepeso y un 9,4% es obeso.

Según la Junta de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb) el 18% de los escolares chilenos son obesos, eso sitúa al país entre las naciones con más niños obesos en el mundo.

Existe otro factor importante: no sólo la mala alimentación es decisiva. Según la misma encuesta  un 88,6% de la población es sedentaria, no realiza 30 minutos de actividad física tres veces por semana. Las mujeres son más sedentarias que los hombres. La compra de bienes de consumo, coopera en que los niveles de sedentarismo aumenten, pues mucho de ellos disminuyen la actividad física, algunos ejemplos de estos bienes son los  automóviles, electrodomésticos y televisores.

¿Cómo Chile alcanzó los niveles antes mencionados?

Una de las posibles explicaciones es que la población mejoró su nivel de ingresos, y así accedió a una mayor oferta de alimentos, y la población suele inclinarse por la ingesta de alimentos procesados e hipercalóricos. En nuestro país no hay políticas firmes y claras que regulen la calidad de la comida.

Hace unas semanas, un programa de televisión, emitió un capítulo dedicado al análisis y composición de las comidas chatarras, el alto contenido de sodio alarmó a las autoridades, que agilizaron los proyectos en torno a la regularización de lo que comen los estudiantes, esto como una medida preventiva en contra de la obesidad infantil.

Cuando las dietas no bastan…

“Llegué a pesar 107 kilos, no parecían tanto, pero luego comenzaron los problemas, problemas para dormir, y en mis rodillas. Fui a la nutrióloga, exámenes, y apareció todo lo que antes estaba dormido, hígado graso, resistencia a la insulina, venían para sumarse a la artrosis por sobrecarga. Fue ahí cuando la doctora me preguntó, ¿Conoces la cirugía bariátrica? Por primera vez en mi vida, logré visualizarme flaca. En un mes, estaba en pabellón, me harían una manga gástrica, cuando saliera, nada sería lo mismo. Y efectivamente nada lo fue. Han pasado casi 7 meses y he bajado 35 kilos y mi vida cambió, para mejor.” Esta es la experiencia de quien escribe.

Hoy en día, son dos los tipos de cirugía bariatrica que se efectúan con más frecuencia, Gastrectomía en manga y el conocido By-pass gástrico. Entre los beneficios que estas operaciones brindan, además de la pérdida de peso, se corrigen las patologías tales como reflujo gastroesofágico, apnea de sueño, hipertensión, dislipidemia, hígado graso, hiperinsulinemia, diabetes, problemas osteoarticulares, todas ellas derivadas de la obesidad.

Las distintas cirugías, si bien es cierto en la mayoría de los casos son existosas,  en determinados pacientes no funcionan de la forma que se espera. Es claro que la operación no basta, pero ayuda mucho. Hay un factor importante al momento de operarse, la evaluación psicológica. El cambio que se da en los pacientes bariatricos es tan grande, que debe ser acompañado de una debida contención psicológica.

Desde antes se debe comprender que hay que aprender a comer de nuevo, y que es una oportunidad de comenzar de nuevo. Desde el punto de vista psicológico, aprender a manejar la ansiedad o necesidades de afecto, pues estas no pueden volver a enfocarse en la comida, pues eso implica el posible fracaso del procedimiento.

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