Adicción a la comida, según el sicólogo Petar Radic

La mayor parte de la gente piensa, que hablar de adicciones es hablar de cigarro, drogas, alcohol, etc. Sin embargo, no es así.
Existen dos tipos de adicciones:

  1. Químicas: drogas, alcohol, cigarro, café, etc.,

  2. No químicas: juego, compras, trabajo, sexo, deporte, comida, etc.

Casi cualquier conducta que produce placer y nos ayuda a evadir, física o mentalmente, situaciones molestas o dolorosas, puede convertirse en una adicción.  La línea que divide una conducta placentera, de una adicción, puede ser muy débil y podemos cruzarla fácilmente.  Las principales características de una adicción son:

  • Sentimos que no tenemos la fuerza de voluntad necesaria para poder controlarla o eliminarla y,  dependemos de ella para sentirnos mejor.

  • Es una parte importante en nuestra vida, a pesar de los problemas que nos puede causar, ocupa una parte importante de nuestros pensamientos y/o de nuestro tiempo.

  • Se dejan de hacer otras actividades, para planearla o para llevarla a cabo, afecta nuestro cuerpo, nuestras relaciones, trabajo o forma de vida y, nos causa angustia cuando decidimos terminar con ella. Pero, cuando no la controlamos, nos provoca culpa y daña nuestra autoestima.

“Es cierto que somos mucho más que lo que comemos; pero lo que comemos puede, sin ninguna duda, ayudarnos a ser  mucho más que lo que somos”. Adelle Davis (Nutrióloga y escritora americana).

Uno solo necesita responder unas pocas preguntas para determinar su adicción:

  • ¿Comes cuando no tienes hambre o cuando te sientes triste o deprimido?
  • ¿Comes en secreto o comes de manera diferente cuando estas solo que cuando estás en frente de otros?
  • ¿Consumes cantidades inusuales de comida y luego te purgas con vómito o laxantes para deshacerte del exceso?
  • ¿Hay alimentos que son dañinos para ti, pero los comes de todas formas?
  • ¿Te sientes culpable luego de haber comido?

Si puedes responder afirmativamente a cualquiera de estas preguntas es muy probable que seas adicto a la comida.

Los desórdenes adictivos relacionados a la comida se agrupan en tres tipos básicos:

1.- la bulimia

2.- la anorexia nerviosa

3.- el comedor compulsivo

En todas estas variantes se presentan los componentes de obsesión y descontrol típicos de las adicciones, pero cada variante toma una forma especial. La anorexia nerviosa es un desorden donde la obsesión por la abstinencia alimenticio es el síntoma principal. El anoréxico participa compulsivamente en regímenes dietéticos severos y autoimpuestos con el fin de “bajar de peso”, aunque muchas veces están muy por debajo del peso ideal debido a la propia patología. La percepción de la autoimagen esta distorsionada y es común el uso inapropiado de laxantes y diuréticos. La muerte puede sobrevenir por desnutrición y desequilibiro electrolítico.

La bulimiaes un desorden donde ocurren ciclos alternos de comer compulsivamente y de

“purga” donde se inducen vómitos o se establecen regímenes severos de dietas, ejercicios o laxantes para inducir la pérdida de peso luego de la compulsión. El comedor compulsivo sufre de cilcos alternantes de compulsión por comer y síntomas depresivos acompañados de verguenza, culpabilidad y remordimiento. El comedor compulsivo utiliza la comida para lidiar con sus sentimientos, la obesidad y todos los probemas relativos al sobrepeso son consecuencias de este desorden.

“El adicto dependiente, va más más allá del típico consumidor de drogas, es decir, que ser adicto a las drogas, no sólo son los sujetos que consumen alcohol, fuman, o consumen drogas ilícitas como, tanto duras como blandas. Existen los consumidores de drogas legales, como la persona con gula. Siendo un adicto-dependencia a los alimentos, que come con o sin hambre. Siendo un sujeto carente o con importante déficit con su autocontrol emocional de tener gran cantidad de ingesta de comida, sin tener apetito real”, según lo cataloga y clasifica el psicoanalista Petar Radic Reyes.

¿Por qué es tan difícil combatir el pecado de la gula? El Padre Antonio Royo Marín, O.P. responde a esas preguntas en “La teología de la perfección cristiana” .

“El sentido del gusto puede constituir un obstáculo a la perfección por razón de su inmoderada inclinación a comer y beber.  La falta de mortificación en este sentido se llama gula.  Según Sto. Tomás, la gula es el apetito desordenado de la comida y la bebida, uno de los vicios opuestos a la virtud cardinal de la templanza.

Dios puso en el alimento un placer que tiene como su propósito la garantía de la función nutritiva para la conservación de la vida del individuo.  En sí, experimentar ese placer no implica ninguna imperfección, y no experimentarlo sería una deformidad fisiológica.  Pero desde el pecado original, el apetito concupiscible ha sido retraído del control de la razón y tiende a exceder los límites de la razón.  Entonces esta sensación se hace pecaminosa, porque la naturaleza del hombre es racional y lo que va en contra de la razón es malo para la naturaleza humana y es contraria a la voluntad de Dios.

La moderación del sentido del gusto ofrece una dificultad especial, porque no podemos prescindir por completo de él.  Por un lado, es necesario alimentarnos para preservar la vida;  por el otro lado, es necesario mantenerse dentro de los límites de la razón, sin permitir que el placer natural se convierta en el propósito principal del comer., según afirma en su Teología de la Perfección Cristiana.

En tanto, Petar Radic,  agrega que la gula se conoce como el hambre emocional, por el graníndice de ansiedad. Afirma que la gula, posee su génesis en los traumas infantiles o se conoce como fijación oral relacionada con la conflictiva infantil madre e hijo.   A modo de ejemplo, cita los siguiente: “su mamá tenía depresión post parto; para entretener a su hijo, siempre le daba cosas dulces, cada vez que lloraba el bebé, mamá le daba comida para evitar que el pequeño no se aburriera, le daba algo de comer, entre otras cosas. Motivo por el cual, cada persona con gula cada vez que se enfrenta alguna frustración, lo evade como todo drogadicto, negando el fracaso, por medio del consumo de gran cantidad de comida y bebidas, por tener la fantasía que así va a bajar su dolor interno”, grafica el psicoanalista.

Pensamiento frecuente de estar pensando en tener hambre o estar deseando hasta imaginarse estar comiendo, esta es una forma de pensar como obeso. Comer algo con velocidad incrementada y terminar manchándose como a escondidas de comer hasta reventar con dietas que se empiezan, pero nunca terminan.

Realizando este análisis sobre la relación del hombre con la comida, hambre o no, deseo, apetencia, adicción o gula, todos los excesos y lo incontrolable que nos pueda parecer son distorciones que afectan a nuestro cuerpo con el  sobrepeso y, como consecuencia afecta profundamente la autoestima.

Es decir, en palabras del psicoanalista Petar Radic, la relación con la comida es  cómo cada persona logra amarse; afecta el autoconcepto, sería en cómo cada individuo, se autodefine; deteriora la autoimagen, es decir, en cómo nos vemos nosotros mismos al espejo, los demás así nos perciben. Por último, los autovalores, siendo la automotivación, fuerza interior, ganas al cambio, etc. Todo lo anterior, siendo lo que se conoce como la seguridad personal y en la mayoría de las personas obesas, está muy disminuido según finaliza y afirma el profesional.

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