Alertan sobre riesgo de adicción al alcohol tras cirugía bariátrica

La obesidad se ha transformado durante las últimas décadas en una de las mayores epidemias del mundo occidental. Sólo en nuestro país, según la última Encuesta Nacional de Salud, un 67% de la población estaría excedida en peso, lo que incrementa el riesgo de padecer enfermedades crónicas de alta complejidad y desmejorar considerablemente la calidad de vida.

Ante el sedentarismo que marca a la sociedad actual, los malos hábitos alimentarios, el fracaso de muchas dietas restrictivas y la escasez de herramientas terapéuticas seguras y sin efectos adversos para ayudar al combate de la obesidad,  la cirugía bariátrica surge cada vez con mayor fuerza como una alternativa que no sólo produce una pérdida de peso mantenida, sino también una mejora sustancial de las patologías asociadas a los kilos de más y, por ende, una reducción de la mortalidad.

Foto: Freedigitalphotos.net

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“A ello sumamos el impacto en la autoestima de la persona y sus relaciones personales. Sin embargo,  hay una consecuencia que ha sido poco estudiada hasta ahora: el aumento de probabilidades de que los pacientes desarrollen una adicción al alcohol u otros químicos tras ser sometidos a una operación de este tipo”, informa el doctor Yamil Quevedo, médico psiquiatra del Instituto Schilkrut (centro líder en Latinoamérica para el tratamiento de adicciones).

Recientes estudios realizados en Estados Unidos y Europa revelan que existe un riesgo comprobado de aumento de abuso de alcohol posterior a la cirugía bariátrica, especialmente después del by pass gástrico Roux-en-Y. Uno de tales estudios, financiado por los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU., siguió a 1.945 pacientes que se habían realizado esta operación en 10 hospitales del país, entre 2006 y 2011.

Los investigadores observaron que un 7,9 por ciento de los participantes no adictos al alcohol en la evaluación preoperatoria mostraron adicción en el postoperatorio. También observaron que  varones,  menores de edad,  fumadores y consumidores regulares de alcohol o drogas mostraron una mayor posibilidad de adicción al alcohol después de la cirugía”, señala el especialista.

Foto: freedigitalphotos.net

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Por otra parte, en el Congreso de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) realizado hace algunos días, la psiquiatra Gemma Parramon, del Hospital Valle de Hebrón, Barcelona, aseguró que -según diversas investigaciones- “antes de la intervención se observa una baja tasa de dependencia al alcohol entre estos pacientes, pero aumenta hasta porcentajes superiores a  los que se observan en la población en general”. En la nación hispana el trastorno por consumo de alcohol  afecta al 5,2 por ciento de la población, mientras que la prevalencia postquirúrgica llegaría a 9,6%.

Situación en Chile

En nuestro país, existe una investigación realizada por un grupo de profesionales y presentada en la Revista Chilena de Medicina, quienes realizaron el seguimiento de un paciente de 41 años que sufría de adicciones antes de la cirugía, y que después de ella aumentaron: Llegó a consumir un promedio diario de siete tragos estando solo, y 10 gramos de cocaína a la semana.

Estos pacientes con adicciones previas generalmente ocultan la información por temor a que no los operen”, explica el psiquiatra Yamil Quevedo (uno de los autores de esta investigación). Comenta que tras la cirugía, siguen bien las indicaciones los primeros meses, hacen dieta y no beben alcohol. “Pero, lamentablemente en el largo plazo hay un grupo que empieza a tomar más y abusar de otras sustancias.”

Asimismo, resalta que “existe evidencia preliminar de que un pequeño, pero significativo porcentaje de pacientes podrían presentar incremento en el uso de alcohol e incluso llegar a desarrollar una dependencia que previamente no existía. Aparentemente aquellos pacientes sometidos a gastrectomía en Y de Roux se encuentran en mayor riesgo”. Precisa que estos hallazgos deben ser confirmados con seguimientos a largo plazo.

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Consultado acerca de la cantidad de estos casos que el Instituto Schilkrut atiende actualmente, Quevedo precisa que en los últimos años “hemos notado un incremento en el antecedente de haber sido sometido a cirugía bariátrica en nuestros pacientes que ingresan a la unidad de rehabilitación de adicciones, llegando a ser alrededor de 15% del total. Es importante hacer notar que este hecho no impide en absoluto que ellos hagan buenos tratamientos y que logren rehabilitarse, recuperar bienestar y mejorar sus niveles de funcionamiento.

Trastornos ansiosos

“Por otro lado, a nosotros como equipo, nos llegan los casos más graves y probablemente hay un gran número de pacientes que sin necesitar una rehabilitación se van a beneficiar de intervenciones acotadas que les permitan  construir  estilos de vida y hábitos adecuados para su nueva condición”, afirma el especialista, también académico de la Universidad de Chile.

Una persona que padece trastornos de pánico o ansiedad podría ser también un sujeto de riesgo en este tipo de caso. Quevedo señala que “los trastornos de ansiedad presentan alta comorbilidad con trastornos por uso de sustancias. 45% de pacientes con dependencia cumplen criterios para trastornos de ansiedad. Por lo tanto es factible encontrar este tipo de patología en pacientes candidatos a cirugía bariátrica y, por lo tanto, debe abordarse adecuadamente el manejo de sus síntomas para evitar el consumo abusivo de sustancias”.

A su juicio otras patologías que deberían considerarse de riesgo son el consumo peligroso o trastornos por uso de cualquier sustancia, junto con otros trastornos psiquiátricos como patología ansiosa o anímica. Pero también se deberían considerar factores sociales y ambientales como la falta de apoyo familiar, situaciones de precariedad laboral o económica y  presencia de otras enfermedades médicas importantes.

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Una de las necesidades a corto plazo es la necesidad del trabajo de un equipo multidisciplinario antes y después de la cirugía. “Es recomendable una evaluación rigurosa previo a la cirugía para determinar la presencia de factores de riesgo y establecer en conjunto con el paciente y el equipo quirúrgico un buen plan de acción adecuado a las necesidades de cada caso, que puede ir desde una consejería breve hasta un tratamiento integral. Es conveniente también un seguimiento posterior de aquellos pacientes más vulnerables para asegurar una correcta evolución, tanto en términos de que no exista desplazamiento hacia el incremento del uso de  sustancias adictivas como a favorecer el éxito de la intervención”, concluye el médico.

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