La crisis social y la obesidad

¿Tendrá algo que ver la crisis social que está viviendo Chile y la obesidad? Créanme que mucho, y en varios aspectos.

El primero de ellos que visualicé fue debido a que, conversando con una amiga que es directora de la Fundación Brotes (que promueve la vida saludable) me dijo que las prioridades van a cambiar y que mucho del presupuesto estatal para promover buenos hábitos alimenticios se podría ver afectado. Es evidente que hay temas país muy urgentes y quizás la lucha contra la obesidad pase a segundo plano.

Otro punto lo observé en mí… Como les he contado antes, luego de mi manga gástrica soy muy estricta en no pasarme de peso, para mantener mi IMC a raya y no llegar nunca más a la obesidad. Este invierno para mí fue difícil por temas de trabajo y mi nerviosismo me llevó a comer más de la cuenta, algo de lo que estaba consciente. Al llegar a mi peso tope, me puse a dieta, estricta como siempre he sido, la seguí hasta el estallido social. Allí comencé a ponerme nerviosa por una serie de factores que agravaron mi desazón al ver las noticias.

Además he visto memes en los que se culpa al Presidente de que los chilenos subiremos de peso por esta crisis y en las redes sociales más de alguien ha comentado que ha comido o fumado más. El estado general de angustia creo que es evidente, como así también nuestras vías de escape. Aparte de las ya nombradas (gula y cigarrillos) sumo el alcohol, de lo que no he leído en las redes sociales ni tampoco tengo certeza de que haya aumentado su consumo, pero es casi de perogrullo siguiendo esta lógica.

Compruebo, nuevamente, que más allá de los hábitos alimenticios (en extremo importantes para mantener nuestra salud) el factor emocional es decisivo en la obesidad. Yo, luego de mi cirugía, me he dado permiso para subir de peso hasta cierto límite en oportunidades puntuales en estos 9 años: para mi examen de grado, cuando me divorcié, mi primer periodo de cambio de ciudad y ahora sumo esta coyuntura que nos ha afectado a todos de alguna u otra manera.

Por lo tanto, esto se trata de calorías, pero también de salud mental. Yo tuve acceso a una psicoterapia que me permitió manejar mis emociones y pude aprender a comer, tanto combinando los alimentos como también siendo dueña de mis elecciones y sus consecuencias. Mi realidad actual me sorprende, entre otras cosas, iniciando un emprendimiento y no puedo manejar tantos factores a la vez, pero tengo las herramientas para decir «hasta aquí llego» y comienzo una dieta para volver nuevamente a mi peso recomendable.

Pero muchos chilenos, la mayoría, no tienen acceso a apoyo psiquiátrico o psicológico. Después de esta crisis evidentemente se dará prioridad a innumerables asuntos en extremo importantes, pero me temo que, nuevamente, las emociones de muchos quedarán a la deriva y eso redundará en un aumento de la obesidad, y quizás del tabaquismo o el alcoholismo. Espero que estas manifestaciones, que ya se desbordaron ante nuestros ojos atónitos, no quede con esa deuda y que realmente podamos renacer con un bienestar integral después de este momento negro que estamos viviendo.

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